“Cuando mi papá habla mal a mi mamá, me habla mal a mí. Cuando mi mamá insulta a mi papá, me insulta a mí.”

De esta forma tan sencilla y gráfica una niña de 5 años expresaba como la tensión y enfrentamiento de sus padres durante el procesos de separación le dañaba a ella directamente.

Los niños en edades tempranas no tienen una autoimagen diferenciada de su padre y madre, ellos son su padre y su madre, si algo le pasa a su padre le pasa a él y si algo le pasa a su madre le pasa a él también.

Para los adolescentes, no es más fácil, ya que están en una fase muy compleja de construcción de su identidad y por eso necesitan un espacio muy seguro, con límites claros y modelos de referencia coherentes.. Vivir en un campo de batalla en nada les ayuda en su búsqueda de referentes y modelos.

Por eso, cuando los padres me muestran su preocupación por la reacción de los hijos de cara a su separación, le recuerdo que lo mejor que pueden hacer por ellos es conseguir una comunicación fluida y amable entre ambos y que las tensiones y dificultades las gestiones siempre al margen de los hijos.

Sé que no es fácil, pero el amor y el deseo de proteger a por los hijos seguro que ayuda e inspira este difícil camino que hay que recorrer.

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