Me sirvió para enfrentarme con asertividad a un momento tan crucial.

En mi caso la mediación familiar fue vital para no sucumbir a las tensiones que siguieron al momento de la separación. El torbellino emocional no me permitía pensar con claridad y, cuando lo conseguía, caía en las presiones y en las provocaciones de la otra parte. Necesitaba en primer lugar un observador imparcial que estuviera presente en el amago de negociación con el que pretendía poner en claro una serie de pautas para el futuro de la hija en común.

La labor de las mediadoras fue fundamental para ayudarnos a reconducir el diálogo cada vez que descarrilaba. Su ayuda imparcial, siempre manteniéndose en la posición de observadoras, me sirvió personalmente para encontrar paz y serenidad y para enfrentarme con asertividad a un momento tan crucial.

En nuestro caso, no terminamos de diseñar las líneas maestras del convenio porque la otra parte no se atenía a razones mínimamente “razonables”, y las mediadoras dieron por concluido el proceso. Pero nunca lo experimenté como un fracaso. Finalmente una sentencia judicial estableció el convenio regulador, pero lo que aprendí durante aquellas sesiones me ayudó mucho a comprender mejor mi situación y a encarar con serenidad el trance del juicio. Estoy segura de que esta actitud nos ha ayudado posteriormente a comportarnos con mayor positividad, y esto ha redundado en un beneficio para nuestra hija.

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